El nuevo código del éxito: sostenibilidad, coherencia y propósito
"Ser sostenible no es hacer lo correcto, es hacerlo mejor. Ahí empieza el verdadero ‘Cambia el Chip’."
Elizabeth Mena
Elizabeth Mena ha convertido la sostenibilidad en una estrategia empresarial tangible. Abogada y asesora con más de 25 años de experiencia, lidera EM Estrategias & Soluciones, desde donde integra gestión ambiental, cumplimiento normativo e innovación en la gobernanza corporativa. A través de la Fundación Clean Rivers DR y Expo Sostenible RD, impulsa una visión práctica del desarrollo sostenible. Con su columna y pódcast Cambia el Chip, invita a pasar del discurso a la acción con propósito.
Cuando inició su carrera, la sostenibilidad apenas se mencionaba. Los proyectos se medían por rentabilidad y cumplimiento formal. Pero al asesorar a una empresa que integró los principios ESG, comprendió que la sostenibilidad no era requisito, sino una nueva forma de pensar los negocios. Desde entonces, su enfoque evolucionó hacia un tablero donde los riesgos ambientales, sociales y reputacionales se gestionan junto a los financieros.
Promueve estructuras de gobernanza que combinen claridad y coherencia: comités ESG con autoridad real, políticas integradas que vinculen sostenibilidad con inversión y operación, y datos auditables que respalden decisiones. “La transparencia se construye con evidencia”, afirma.
Desde Clean Rivers DR impulsa educación y articulación antes que intervención. Escuelas, universidades y empresas se unen para proteger los ríos Ozama e Isabela, demostrando que la acción ambiental comienza en la conciencia colectiva.
En lo legal, identifica un cambio de paradigma: las empresas deben demostrar gestión y trazabilidad. Aunque muchas actúan por temor a sanciones, ve la oportunidad de construir una cultura de cumplimiento consciente. “La nueva gobernanza verde une lo legal, lo operativo y lo financiero. Menos discurso, más evidencia.”
Sobre la resistencia interna, señala que el obstáculo no está en los presupuestos sino en la mentalidad. Su receta: casos de negocio tangibles e indicadores reales. Así, la sostenibilidad deja de ser carga y se convierte en ventaja.
Como cofundadora de Expo Sostenible RD, promueve una plataforma que conecta sectores para transformar ideas en soluciones concretas. “La sostenibilidad no es un lujo —dice—, es una herramienta de competitividad.”
Con más de 25 años de experiencia como ejecutora de soluciones y estratega en la planificación y gestión de proyectos, ¿cómo ha evolucionado su enfoque para integrar la sostenibilidad ambiental como ventaja competitiva para las empresas dominicanas, y qué estructuras de gobernanza han demostrado ser más efectivas para este propósito?
Cuando empecé mi carrera la palabra “sostenibilidad” apenas aparecía en las reuniones. Nos enfocábamos en que los proyectos funcionaran, fueran rentables, cumplieran permisos y arrancaran. Hablar de medio ambiente era un apéndice, algo que se hacía “para cumplir”.
Mi primer “Cambia el Chip” llegó al asesorar a una empresa que integró formalmente los principios ESG. Entendí que la sostenibilidad no era un requisito, sino una forma de pensar el negocio. Me enamoré del concepto, lo estudié y lo adopté como parte de mi ADN profesional. Luego, en el sector minero, logré llevar esa visión a la práctica: pasamos de “cumplir la norma” a usar la sostenibilidad como ventaja competitiva real. La empresa ganó credibilidad ante reguladores, confianza en las comunidades y una reputación que se volvió su mejor activo.
Desde entonces trabajo con un tablero de control integral donde el riesgo ambiental, social y reputacional convive con los indicadores financieros. Se trata de gestionar el valor que genera hacerlo bien. Hoy parto de una lectura de materialidad y riesgo, defino indicadores y los vinculo a presupuesto y desempeño. Así, la sostenibilidad deja de ser discurso y se convierte en estrategia medible y rentable.
En materia de gobernanza funcionan mejor las estructuras con claridad, datos y coherencia: comités ESG al nivel del Consejo, políticas integradas donde la sostenibilidad influye en inversiones y operaciones, KPIs auditados y mapas de riesgo vivos. Y, sobre todo, una sola versión de los datos. La transparencia se construye con evidencia.
Desde Clean Rivers DR, que promueve la educación ambiental y la articulación de actores públicos y privados en torno al agua, ¿cómo miden el impacto real de sus iniciativas y hacia dónde se dirigen sus próximos pasos?
Clean Rivers DR está en una fase hermosa: la de sembrar conciencia y construir confianza. Aún no hemos lanzado operaciones a gran escala porque creemos que primero hay que formar a las personas y entender el territorio.
Nuestro impacto se mide en el cambio de conversación. Escuelas, universidades y empresas que antes no se hablaban hoy comparten causa común: los ríos Ozama e Isabela. Creamos alianzas y programas educativos que han tejido una red de ciudadanos comprometidos con el agua.
La siguiente etapa es pasar a la acción: monitoreo participativo, voluntariado e intervenciones piloto. Pero antes de limpiar los ríos, queremos limpiar la indiferencia. Y en eso, el impacto ya empezó.
Como abogada especializada en sostenibilidad, ¿cómo está evolucionando el marco regulatorio dominicano y qué oportunidades o desafíos representa para las empresas que buscan diferenciarse mediante una gobernanza verde efectiva?
El marco regulatorio dominicano está cambiando. Hoy se habla de trazabilidad, fiscalización real y debida diligencia. Ya no basta con una licencia ambiental; ahora se exige demostrar gestión y prevención de impactos. Con el nuevo Código Penal, las empresas tendrán responsabilidad penal directa, lo que cambia todo el tablero.
Muchas compañías están entendiendo la sostenibilidad por temor a sanción, no por convicción. Pero incluso esa presión es positiva si nos empuja hacia una cultura de cumplimiento. Lo ideal es que las empresas asuman la sostenibilidad por estrategia, no por obligación.
En ese contexto surgen oportunidades enormes: eficiencia hídrica y energética, compras públicas sostenibles, finanzas verdes. El desafío está en la capacidad de las PYMES para cumplir y en la coherencia entre discurso y operación. Mi recomendación: construir un mapa regulatorio por cadena de valor, con un cronograma realista y un PMO de sostenibilidad donde legal, operaciones y finanzas trabajen juntos. Esa es la nueva gobernanza verde: menos discurso, más trazabilidad.
Su columna “Cambia el Chip” aborda la cultura de riesgos e integridad ambiental. ¿Cuáles son las resistencias más comunes en las empresas dominicanas al implementar modelos sostenibles, y qué estrategias han resultado más efectivas para superarlas?
La mayor resistencia no está en los presupuestos ni en los permisos, está en la cultura. Aún se ve la sostenibilidad como costo, no como inversión. Mientras esa mentalidad no cambie, todo lo demás se vuelve trámite.
También existe miedo a la auditoría y fatiga de reportes que nadie lee. No falta información, falta convicción. El cambio empieza con resultados tangibles: pilotos que demuestren ahorro, ingresos nuevos o riesgos evitados. Cuando el equipo ve que gestionar residuos mejora su rentabilidad, el discurso se convierte en evidencia.
Funciona alinear incentivos con KPIs ESG, formar mandos medios y hablar al Consejo con lenguaje simple: riesgo, retorno y reputación. Y algo clave: una sola verdad de los datos. Si cada departamento maneja versiones distintas, la sostenibilidad se diluye.
Ahí ocurre la transformación: cuando se deja de ver la sostenibilidad como carga y se entiende como estrategia. Porque ser sostenible no es “hacer lo correcto”, es hacerlo mejor. Y ahí empieza el verdadero Cambia el Chip.

Expo Sostenible RD se ha posicionado como un punto de encuentro en sostenibilidad. ¿Qué papel cumple hoy esta plataforma y qué transformaciones busca impulsar en el país?
Expo Sostenible RD nació como una idea y hoy es una plataforma que conecta, inspira y articula. No somos un evento; somos un espacio donde la sostenibilidad se traduce al lenguaje dominicano: cómo hacerla posible, rentable y medible desde cada sector.
No buscamos exhibir proyectos, sino generar conversación y construir redes. Estamos tejiendo alianzas con universidades, ministerios y emprendedores verdes para que Expo Sostenible RD se convierta en un hub permanente de educación e innovación.
El mayor logro ha sido demostrar que la sostenibilidad no es un lujo ni una moda, sino una herramienta de competitividad. El país tiene talento e ideas; solo necesita espacios donde confluyan. Ese es el rol que asumimos.
Desde su experiencia impulsando espacios que congregan actores del sector público, privado, academia y sociedad civil, ¿qué estructuras de gobernanza colaborativa han demostrado mayor efectividad para abordar desafíos ambientales complejos, y cómo pueden las empresas aprovechar estas alianzas para fortalecer su posicionamiento en sostenibilidad?
En sostenibilidad nadie puede hacerlo solo. Lo aprendí tras participar en mesas donde coincidían gobierno, empresas y comunidad: la gobernanza ambiental funciona cuando deja de ser discurso y se vuelve estructura.
Los modelos más efectivos combinan cuatro elementos: mesa técnica con metas anuales, protocolos de datos abiertos para compartir información, pilotos territoriales con roles y recursos claros, y una secretaría ejecutiva neutral que dé seguimiento sin sesgos.
Esa fórmula convierte la conversación en resultados. Cuando hay datos públicos, compromisos medibles y responsables definidos, los proyectos dejan de depender de voluntades y generan confianza.
Para las empresas, participar no es filantropía; es estrategia. Reducen conflictos, anticipan riesgos y ganan licencia social. La clave está en lo simple: proyectos con dueño, cronograma y KPI público. Porque solo lo que se mide, mejora; y solo lo que se comparte, trasciende.
En un país donde los ríos son fuente de vida y también de desafío, ¿qué aprendizaje deja Clean Rivers DR sobre liderazgo ambiental y economía circular desde la fase educativa y de sensibilización?
Clean Rivers DR es una escuela ciudadana. Trabajamos con jóvenes, docentes y líderes que quieren transformar su relación con los ríos. No llegamos con soluciones cerradas; escuchamos y co-creamos.
El cambio empieza en lo simple: educar para cuidar. Cuando un niño aprende qué significa un vertido, cuando una escuela adopta su cañada o una empresa mide su consumo de agua, ya hay economía circular en marcha.
Nuestro papel es preparar comunidades para que, cuando lleguen proyectos de infraestructura, estén conscientes y participativas. La sostenibilidad no se impone: se construye desde la educación, la empatía y el propósito compartido.
Más allá de sus múltiples roles profesionales, ¿qué experiencia personal marcó su camino hacia el liderazgo con propósito ambiental y qué legado aspira construir para las futuras generaciones dominicanas? ¿Cómo ha transformado esta misión su definición de éxito empresarial?
Trabajar en la industria minera cambió mi forma de entender el liderazgo. Vi cómo una empresa pasaba de la desconfianza social a la credibilidad, y entendí que la sostenibilidad no se decreta: se demuestra. Allí comprendí el valor de la licencia social para operar, ese equilibrio entre empresa y comunidad donde ambos ganan.
Clean Rivers DR me dio otra mirada, más humana. Ver comunidades organizándose para limpiar sus ríos me reafirmó que el cambio nace en lo local. El error común es acercarse solo para la foto, no para transformar.
Mi legado no es dejar un nombre, sino ayudar a que las empresas compitan no por quién factura más, sino por quién genera más valor compartido. El éxito ya no se mide solo en rentabilidad, sino en la capacidad de mantener valor sin destruir el entorno que lo hace posible. Para mí, el éxito es una ecuación: valor económico + integridad ambiental + confianza social. Eso es lo que realmente trasciende.
El liderazgo de Elizabeth Mena nace de la coherencia entre propósito y acción. Desde la minería hasta las comunidades ribereñas, ha demostrado que la sostenibilidad se construye con hechos. Su misión redefine la métrica del éxito: empresas que prosperan porque generan valor compartido. “El verdadero progreso —dice— ocurre cuando valor económico, integridad ambiental y confianza social avanzan juntos.”