En un universo tan volátil como el nuestro, cobra sentido preguntarnos, cómo es posible conseguir la serenidad para repensarse en la era de la incertidumbre. Hoy el mundo cruje, se moviliza, hay rupturas y todo va en búsqueda de un nuevo orden. Para comprenderse a sí mismo y repensarnos desde un modelo de Carrera Disruptiva, es necesario comprender las circunstancias, el entorno y nuestro propio ecosistema sobre cómo está adaptándose a ese nuevo orden.
El signo de la era parece ser la permanente disrupción tecnológica, con su tremenda incidencia sobre la sociedad y la economía global. Nos encontramos aún en el comienzo de los cambios, de un camino incierto y también de oportunidades, cuyas únicas constantes son la velocidad y la innovación.
«El secreto del éxito no es prever el futuro, sino crear una organización y un espacio que prospere en un futuro que no pueda ser previsto» (Michael Hammer).
Transitamos momentos de grandes rupturas, de nuevos espacios de vinculación y trabajo. Momentos que van de la concepción humana, de lugares y espacios controlados a poner en juego aprendizajes constantes, jugar con prueba y error, modificando rumbos de manera constante y acelerada. Donde el error también puede ser un aprendizaje, si actuamos con agilidad en la nueva respuesta.
Nos cambia el foco para ser certeros y nuestro objetivo puede estar en cualquier lateral del mundo. Un año tecnológico es una era geológica, el futuro sigue siendo la inmediatez.
En un ecosistema laboral donde el trabajo ya no es lineal, la carrera no es lineal, todo pasa a ser un conjunto de proyectos con cambios y transiciones, con desafíos que buscan nuestra reinvención, cada vez en plazos más cortos. Gestionar la hoja en blanco es el diferencial para el nuevo líder.
Hoy también gestionamos cambios en nuestra esencia emocional para abordar lo urgente, el nuevo orden, la gestión de ánimos para llegar a resultados claros, en una constante búsqueda de equilibrio y bienestar. “Surfeamos” hoy tratando de llevar de la mano el proyecto personal de vida y el proyecto profesional como una construcción que da sentido a cada trayecto.
La continua innovación en materia tecnológica está retando a economías y
sociedades a mantenerse a la vanguardia de un cambio acelerado.
En tiempos turbulentos, como los actuales, resulta necesario incorporar en cada acción un pensamiento disruptivo, que no elude perturbaciones, sino que las incorpora.
Es un pensamiento que saca provecho de las contradicciones, no necesariamente celebra prácticas disruptivas, sino que es la reflexión sobre la disrupción, y al mismo tiempo, una práctica creativa y responsable. Un pensamiento que nos lleva convivir entre dos mundos antes las rupturas constantes y que nos permite repensarnos también en carreras sin fronteras. Será pasar del mundo conocido al mundo ignorado en nuestra travesía de carrera profesional.
Repensar caminos, para nuestro salto profesional, es abordar lo complejo, aplicando el arte y la disciplina para afrontar mejor las rupturas y las contradicciones. No nos autoeliminemos ante aquello que no entendemos o vemos lejano, se trata de explorar para reconocer una nueva propuesta de valor que resulte diferencial.
Es necesario explorar – experimentar – explorar.
Y en esta ecuación vayamos por una nueva competencia clave: La curiosidad, que es la motivación y predisposición para aprender, estar abierto a nuevas ideas y explorar nuevos entornos y situaciones. Con este significado en mente, hay razones obvias para que uno aproveche y desarrolle su curiosidad.
Hoy la capacidad de las empresas que necesitan avanzar en su transformación digital está determinada muchas veces por las competencias de sus profesionales, ¿Cómo nos preparamos para competir?
El mundo que transitamos es desbocado, es un tablero de ajedrez y al mismo tiempo un campo de batalla, para algunos analistas de la complejidad.
¿Dónde nos instalamos nosotros, qué reglas estamos interpretando desde nuestro liderazgo y desde nuestra carrera? ¿Podemos abordar una carrera más disruptiva?
Y en ese juego donde escalamos nuestras propias montañas, donde por momentos vemos la cumbre y luego dejamos de verla, se refleja una sinuosidad que nos interpela, pero ¿cómo proyectarnos hacia lo que no conocemos?
Nuestro camino hoy es más que nunca no lineal, un sendero incierto, donde dejamos lo viejo, entramos en el caos, saliendo de él empoderados, con mayor exploración de la realidad.
Hoy la IA está revolucionando el mundo del trabajo, donde emergen nuevas oportunidades de desarrollo, pero donde también se nos invita a nuevos aprendizajes. No será una amenaza si ejercemos asociatividad con ella.
Una investigación del World Economic Forum indica que la automatización requerida una reforma del 50 % de los empleados en los próximos cinco años.
¿Cómo nos repensamos, cómo nos preparamos? ¿Seguiremos siendo dueños de nuestras carreras?
El mercado laboral y el empleo del futuro están marcados no solo por la tecnología y otros emergentes ya que entra en juego también, un enfoque renovado en la sostenibilidad y la responsabilidad social.
Abrirse a lo distinto es ensanchar nuestro territorio, es reconocer la periferia de nuestro círculo de acción que no es de confort, es reconocer nuestras propias fronteras. Entendamos que el confort a veces también se padece.
Hoy en cada paso de nuestra carrera nos hallamos nuevamente ante un cambio de perspectivas con un nuevo propósito. Un cambio de época que revoluciona nuestra manera de ver y comprender el mundo y entender la “carrera como un todo”. Un cambio donde tenemos claro los puertos de largada, pero se modifican los de llegada, como lo indica en sus obras Bernhard Von Mutius.
¿Estamos preparados para desaprender? ¿Cómo gestionamos esta transformación del mundo? ¿Estamos en condiciones de despedirnos de nuestra vieja perspectiva?
Hoy lo nuevo nace en los límites. Lo nuevo surge en los márgenes. Intentar lo nuevo es aceptar la complejidad estando preparados para la sorpresa, para aquello que creemos poder resolver en lo inmediato. Nos es fácil perder el miedo a probar lo que contradice nuestras propias ideas.
Las empresas están sujetas a hábitos, nosotros mismos amamos los hábitos. No habitamos territorios, sino costumbres. Hoy transitamos una revuelta silenciosa de la inteligencia humana creativa, que busca amigarse con nuevas tecnologías emergentes.
“Solo las ideas y las soluciones nuevas, la mentalidad, la acción creativa y el desarrollo del conocimiento tienen futuro”, nos dice Wolf Lotter.
Esta época nos lleva a nuevas organizaciones del conocimiento con otras microestructuras y formas de vincularnos y gestionar:
Una ruta que nos lleva a mirar, a visualizar e ilustrar de manera continua lo que pensamos, escuchamos y vemos. Evitemos la “miopía profesional”.
El trabajo hoy es también experimental, sensitivo con la necesidad de generar líderes habilitadores para que surjan ideas nuevas.
Hoy gestionamos la urgencia estratégica, donde cada uno de nosotros debe tener conciencia de lo que sucede a su alrededor, leer significados y abrir la mente a nuevas posibilidades.
Es necesario entender el afuera, y ello significa modificar todos los mecanismos de vinculación para importar la realidad de la situación. Ser constante es la clave y crear caminos en lugar de buscarlos, destrozar lo perfecto y habilitar lo imposible.
El juego de las disrupciones está lleno de antagonismos, contradicciones y paradojas, que tendremos que explorarlas.
Nada más poderoso para abrir las mentes hoy, ante lo incierto y turbulento, que despertar la pasión, y luego crear una sensación de urgencia alrededor de una gran oportunidad competitiva para avanzar con una carrera disruptiva, con proyectos que puedan desafiarnos y aportar mayor empleabilidad.
Es vencer las fuerzas que frenan cualquier inclinación para avanzar con agilidad. Es ignorar el manual de instrucciones y dibujar nuestro mapa u hoja de ruta. Perseguir la incertidumbre y abrazar lo impredecible, arriesgar más, soñar más, empujar más, cruzar puentes, aunque nos podamos visualizar claramente la otra orilla.
Es trazar también nuevos caminos allí donde no existen mapas. Aquí el desafío es mayor!
Es encontrar valor y coraje para cambiar nuestra mirada y atravesar experiencias transformadoras. Es seguir evolucionando a veces sin grandes respuestas, porque el cambio es un proceso, es una reconversión por momentos acelerada. Implica una transformación evolutiva. Es coraje y paciencia, desapego y presencia, compromiso y conexión, adrenalina y riesgo, para evolucionar.
Charles Handy, filósofo social, en su segundo libro “La segunda curva”, comparte desde su mirada “que todo lo que sirvió al pasado no va a funcionar en futuro incierto”,
“La gente debería saltar a la segunda curva de sus carreras, por atemorizante que parezca la perspectiva, antes de que la primera comience a descender”.
El mejor momento para comenzar una nueva curva es antes de llegar al pido de la actual.
Este filósofo nos plantea un camino no lineal, sinuoso, con forma de S (curva sigmoidea), donde hay un período de prueba, experimentación, de mucho aprendizaje, seguido por otro de crecimiento y desarrollo.
Hoy el acto creativo de reinventarse debe ser acompañado de planificación y acción. Nos hemos acostumbrado a la hiperactividad. Muchas veces, desorientados y aturdidos evitamos la pausa para reflexionar sobre la dirección que estamos dando a nuestra carrera y a nuestro trabajo.
La incertidumbre del momento demanda obtener información, saber leer entre líneas, conectar puntos, detectar patrones de comportamientos, decodificar las señales tempranas que envía el contexto y diseñar escenarios posibles.
Gestionar una carrera disruptiva hoy contempla poner en acción una multiplicidad de carreras, un conjunto de itinerarios laborales posibles, donde las transiciones laborales pasan a ser oportunidades de crecimiento y de saltos no lineales.
Se presenta también un escenario nuevo para aquellos jóvenes profesionales que inician su camino en el mercado y que comienzan a trabajar para su identidad profesional:
¿Cómo eligen sus primeros trayectos?
¿Cómo trabajan con su identidad profesional, que irán construyendo?
¿Cómo seleccionan proyectos de impacto?
¿Qué desafíos consideran que los representarán?
¿Cómo construyen su propuesta valor? ¿Cómo trabajarán con su visibilidad profesional y construcción de marca personal?
¿Se trata de estar en carrera o de desarrollar carrera?
¿Hay una sola carrera? ¿Cómo contemplar una carrera disruptiva sin fronteras?
Serán respuestas para fortalecer antes de ingresar a un circuito constante de cambio.
En cada verdadero comienzo se esconde la posibilidad de una transformación. La no linealidad implica que el acto de jugar a un nuevo juego incluye un modo de cambiar las reglas.
¿Estamos preparados? El talento no tiene edad pero….. ¿cómo lo desplegamos?
La no linealidad que exige el momento y responde a una carrera disruptiva, sugiere que, en lugar de resistirnos a alteraciones e incertidumbre, debemos aceptarlas e interpretarlas. Hay estará el verdadero salto cualitativo!
Estamos en un período de agitación de las creencias sin precedente. Estamos ante un terremoto vital que se moviliza.
Según Bruce Feiler, este terremoto vital es una fuerte corriente de cambio en la vida que da paso a un período de alteración, transición y renovación.
¿Cómo nos preparamos entonces para transitar nuestros propios terremotos vitales? Será seguramente encontrar nuevas respuestas, pero necesitamos hoy repreguntarnos qué queremos, qué mapa nos trazamos desde lo individual y desde lo colectivo, en qué momento de nuestra carrera nos encontramos y con qué equipaje contamos.
Es un tiempo de nuevas respuestas, para preguntas que entran en duda!
Es un tiempo para abrazar lo complejo y lo incierto en nuestras carreras!
Es un tiempo para gestionar carreras disruptivas que se anticipen a un nuevo juego del mercado!
Es un tiempo para seguir siendo dueños de nuestras carreras!
Ser dueño de nuestra carrera no es tarea fácil, ante un mundo acelerado y un mercado selectivo como venimos describiendo. Ser dueño de una carrera disruptiva contempla una construcción constante. Representa un conjunto de desafíos y proyectos de impacto, de mesetas y logros, de necesidades y aspiraciones. Somos dueños de nuestras carreras porque trascendemos a partir de ellas, porque elegimos desde esa construcción que siempre está en una evolución constante, una manera de encontrarnos con el otro. La carrera nos da indentidad, pertenencia, nos conecta con saberes nuevos y somos visibles desde ella. Nos apasionamos con ella y nos enfrentamos con ella. Somos dueños de nuestras carreras aunque a veces, la orientamos desde la mirada del otro o queriendo que se acerque a la carrera de ese otro. Y ahí, en algún punto, estamos dejando de ser nuestros propios mentores. La carrera en este contexto hoy nos interpela, nos pide coraje y valentía para atravesar lo incierto. Pero en esa travesía nos salva nuestro propósito, esa pasión y adrenalina que ponemos en acción. Somos creativos a partir de ese motor inspirador, somos transformadores con ella. Y también somos dueños de nuestras transiciones, esas pausas o paradas obligadas que debemos capitalizar. Ese espacio, deseado o no, que nos sirve para medir nuestra empleabilidad y el estado de nuestro equipaje. Ese momento clave para encuadrar nuestros próximos pasos, que serán nuestros y en ellos seremos nuevos protagonistas.
Ser dueños de nuestras carreras es ser dueños de nuestros proyectos de impacto, esos que seleccionamos y esperamos y que a veces no llegan, pero son necesarios para aplicar nuestro talento, que no tiene edad, y desde donde mostraremos nuestra mejor versión.
¿Cómo somos dueños hoy de una carrera disruptiva?