La niñez no puede esperar

En la República Dominicana, según la Ley 136-03, la niñez es la etapa comprendida desde el nacimiento hasta los 18 años. En esta etapa, el ser humano atraviesa un proceso de desarrollo físico, emocional, cognitivo y social que lo hace vulnerable y totalmente dependiente. Un niño no posee la madurez mental ni las capacidades intelectuales para planificar su vida, distinguir entre lo que le conviene o no, tomar decisiones de adultos, ni hacerse responsable de sus actos con la conciencia plena que exige la sociedad.

Por eso, es vital que cuente con padres, madres o tutores responsables y conscientes del rol sagrado que significa cuidar y proteger una vida en formación.

Sin embargo, lo que estamos viendo en República Dominicana en los últimos años nos convence de que la realidad es dolorosamente distinta. La violencia infantil está creciendo y se ha vuelto más intensa y predominante, algo que debería estremecernos a todos. Esto significa, con toda claridad, que los adultos no estamos siendo lo suficientemente diligentes en nuestra labor de proteger y garantizar los derechos de los niños.

Las cifras son desgarradoras:

  • El 63.5 % de los niños entre 1 y 14 años ha sido víctima de métodos violentos de disciplina, incluyendo golpes, humillaciones o castigos degradantes (UNICEF).
  • El 20 % de los adolescentes afirma haber sufrido violencia física o psicológica por parte de sus cuidadores; y un 4 % ha sido víctima de violencia sexual en el último año.
  • En 2024, de los 58 feminicidios registrados, 9 fueron niñas o adolescentes, lo que representa más del 15 % del total.

Lo más doloroso: en la mayoría de los casos, el agresor es un familiar o una persona cercana al niño, lo que vuelve la herida aún más penosa, vergonzosa y desequilibrante. Nos obliga a aceptar una verdad incómoda: cada día debemos confiar menos la vida y la seguridad de nuestros hijos a terceros, sin importar que tan tranquila o respetada parezca la persona en la sociedad o la institución que represente. Las cifras lo confirman.

Aplaudimos cada acción que se tome para castigar sin contemplaciones a todo aquel que afecte la dignidad y la vida de un niño o niña. El nuevo Código Penal (Ley 74-25, agosto 2025) establece sanciones contundentes:

  • Agresión sexual contra menores: 20 a 30 años de prisión.
  • Violación incestuosa: 20 a 30 años de prisión.
  • Explotación sexual o laboral de menores: 10 a 20 años, y hasta 30 en casos agravados.
  • Abandono de menores que cause la muerte: 20 a 30 años de prisión.

Toda persona que se atreva atentar contra la inocencia de un niño, sin importar las circunstancias, no merece contemplación, porque sin dudas ha exteriorizado su s instintos más primitivos de salvaje, depredación, bestia y como sabemos, vivimos en sociedad humana, por lo cual estos comportamientos no pueden aceptados ni tratados con paños tibios. 

Celebramos también la valentía de quienes deciden no ser cómplices, aun frente a vínculos familiares, y denuncian sin miedo.

Es urgente recordar que la violencia infantil no se limita a un golpe o a una llamada de atención brusca. También es violencia: ignorar, humillar, desvalorizar, gritar, manipular emocionalmente, abusar sexualmente o dejar de satisfacer las necesidades básicas de un niño. Un niño es un niño. No tiene ni debe tener responsabilidades frente a adultos. Los únicos responsables somos nosotros.

Cuidemos más a nuestros niños. No los confiemos ciegamente. Escuchemos nuestro instinto, no los forcemos a ir donde no quieren, a saludar sino lo desean, ellos también tienen un termómetro. 

Si la situación para cuidarlos se complica, posponer la maternidad o paternidad siempre será una mejor decisión que traer un niño a un mundo donde no se le puede proteger.

Para quienes creemos, sin duda, vivimos tiempos bíblicos. Pero no desde ahora: siempre ha sido así. La diferencia es que hoy el acceso a la información lo ha hecho más visible y evidente. Y precisamente por eso, no podemos callar.

La niñez no puede esperar. Su vida, su dignidad y su futuro dependen de lo que hagamos hoy.

No callemos. Los niños siempre deben ser protegidos. 

Fuente

Gisell Rubiera