Iquitos depende de motores diésel que operan día y noche para sostener su sistema eléctrico. Con más de medio millón de habitantes y sin conexión al sistema nacional, la ciudad vive en permanente vulnerabilidad: tarifas elevadas, subsidios estatales y riesgo constante de apagones.
El ingeniero Rigoberto Mendieta, Magíster en Ciencias con mención en Ingeniería por el Instituto Politécnico de Donietsk, Ucrania, acumula más de 40 años de experiencia en generación, transmisión y distribución de energía. Conoce de cerca la realidad de Iquitos: fue jefe de proyecto en la ampliación de la central térmica con motores Wartsila y ha participado en el desarrollo de centrales térmicas, hidroeléctricas, solares y de biomasa, además de supervisar líneas de transmisión y subestaciones.
“Iquitos consume más de lo que produce”, explica. “La demanda supera los 75 megavatios y la capacidad instalada apenas llega a 70. Esa brecha nos deja al borde del apagón. Dependemos del diésel y del petróleo residual N.º 6: contaminantes y cada vez más costosos porque deben llegar en barcazas. No podemos sostener la ciudad con un sistema tan vulnerable”.
Para Mendieta, la solución comienza aprovechando lo que la propia región ya ofrece. La abundante radiación solar puede convertirse en electricidad a través de parques fotovoltaicos, mientras que los residuos agrícolas y forestales —hoy desperdiciados— podrían transformarse en energía en modernas plantas de biomasa. Con estas medidas, Iquitos no solo reduciría rápidamente su dependencia del diésel, sino que también generaría empleo y daría valor a recursos locales que actualmente se pierden.
Mientras tanto, el gas natural aparece como la mejor opción de transición. Modernizar la central actual y convertirla en ciclo combinado o construir una nueva planta de ciclo combinado de 100 MW, asegura, permitiría reducir emisiones y mejorar la eficiencia mientras se prepara el salto hacia tecnologías más avanzadas.
Ese salto se llama innovación nuclear. Mendieta se refiere a los reactores modulares pequeños (SMR), ya operativos en otros países, que ofrecen energía limpia, constante y segura. Para una ciudad aislada como Iquitos, asegura, representan la solución estructural de largo plazo.
Su propuesta no se centra en una sola fuente. La clave, dice, está en la complementariedad: las renovables pueden aliviar la urgencia inmediata, el gas natural facilitar una transición más eficiente y la energía nuclear consolidar un sistema estable. Con esa combinación, Iquitos dejaría de ser un caso crítico para convertirse en un modelo de innovación energética en la Amazonía.
Aunque habla de turbinas y reactores, Mendieta insiste en que lo esencial es la gente. “Podemos traer la mejor tecnología del mundo, pero si no formamos ingenieros y técnicos locales, el futuro seguirá siendo frágil. La transición energética también debe ser educativa. Preparar a los jóvenes de Iquitos para operar las plantas del mañana es tan importante como instalar paneles solares o turbinas”.
“La energía no es un lujo. Es un derecho”, resume Mendieta. Resolver el dilema de Iquitos, añade, significa garantizar un suministro confiable, atraer inversiones, fomentar la industrialización y mejorar la calidad de vida de la población.